Si l'homme ne fermait pas souverainement les yeux
il finirait par ne plus voir ce qui vaut d'être regardé.1
El falso viaje solo es real
cuando se cierran los ojos, soberanamente,
arrojados al laberinto como naipes
en la dulce jugada.
El cerco imaginario tiembla,
las cálidas murallas de piedra se disuelven,
¿será entonces cuando el placer
vence al orbe?
Las marcas que anunciaban el límite,
lo cierto de su hierro,
perecen en la sombra,
¿no es la noche el lugar de la última batalla?
Ser más en el secreto,
en el silencio del Paraíso cuando el hombre
por fin, desaparece,
ser meta que nunca llega, pues no existe,
arrullado el camino
por los tristes ecos de la calle.
Ser
inmaculada estatua en el país de las palomas,
austeridad que se deshace en el encanto,
perro que arruine el traje de los tiempos.
1 Si el hombre no cerrara soberanamente los ojos, terminaría por no ver lo que vale la pena mirar. De Feuillets d'Hypnos, René Char.
Al escribir el último verso, pienso en el arcano El Ermitaño, confundiéndolo con El Loco (el perro mordiendo en pantalón del personaje que avanza). Al consultarlo en La Vía del Tarot, de Jodorowsky, la cinta marcapáginas está colocada, precisamente, en El loco. Además, el primer título del poema, Iluminada estatua, es relegado por Viaje inmóvil, concepto que aparece en La vida dañada de Aníbal Núñez, de Fernando R. de la Flor, que estaba usando como diccionario para el poema. Y lo elijo después de leer en el capítulo del arcano El loco ese mismo concepto referido a esta figura. ¿Confundí el tránsito con la libertad?