Te abrazo, con Gorgias.
Con carne y piedra
vigentes que no son nada, sino
un mecanismo morboso, que coloniza los pasos
perdidos
de quien, no mira al frente,
la danza
que estructura un mal situado ser,
en la falsa frontera entre dos capítulos.
Sublimo de tu desdén,
paisaje interior, ciencia oculta, que
aparenta discernir la mirada retórica del vacío,
la lejanía de la propia extremidad y
el conflicto, entre ser y alegoría.
Con Gorgias, nada existe entre mis manos, más
allá del instante coagulado en la palabra.
—veo las partículas primarias (que no son tales)
desintegrarse elegantemente
en curvas violentas y aladas,
espinas y rosas, magentas y azules, provisionales
presencias
que no te puedo comunicar, sino en canto.