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Retorno a Valdemar



¡Mirad su cabeza sin ojos1!
ha sabido guardar en sí
la pureza,
los arcanos enigmas,
el mordisco y la inhóspita cima

corred,
danzad en el rocío del ascenso,
el hondo secreto se tornará
blanca mejilla,
blanco beso de vampiro

    oh joven, instrumento
de visiones, de amores
península,
que el espectral poema olvidado
se haga carne o melodía
entre la vegetación, que tiemble
bajo el fuego de tu conciencia.

           ¿la luz?
el único aliento reside en su
cabeza sin ojos, marchita rosa,
verdadera sangre de un misterio
ancestral que
guarda el momento, ciego.


siguiendo un párrafo de El responso a Verlaine y la elegía pastoril tradicional, de Allan S. Trueblood, y, concretamente, una cita (1) de Rubén Darío de Frontispicio del libro de los raros.
Me vino a la cabeza la palabra Valdemar para el título. Buscando luego, encontré La verdad sobre el caso del señor Valdemar, de Allan Poe y su mistérica historia de mesmerismo y detención de la vida y la muerte.