la contemplación de opuestos símbolos1
quizá a la vez, sea pedir demasiado,
quizá no pueda ser
enfrentar en un mismo instante
el rostro de dios y de la araña, tras la puerta,
lo negro y lo blanco en el espejo
sin mi presencia,
el trabajo de recorrer
el amplio espectro espacio, paisaje del reflejo
sin fundirse en lo contrario cotidiano,
y perder, así,
el privilegio de la mirada de creador,
ser solo
radiación que escapa al agujero negro
—caído al límite mi par—, negado,
falto de toda congruencia, yo
bipolaridad de asombro y abandono conque
mirar el mundo,
esa luz desvanecida2, y su incierto porvenir.
1 de Cristal de Lorena, de Aníbal Núñez.
2 de Tríptico de Tormes, del mismo autor.