En cierta dirección
la ambigua flecha, según la cual
el vacío es imposible,
una luz del oriente
a ras del despertar
el hilo secreto que mezcla
carencia y exceso
la sutil capacidad de no ahogarse:
los ojos abiertos, mudos
ante la provocación,
legítimamente excluidos de la solución
del laberinto,
ni siquiera pérdida
—nada hay que perder—
lucidez de la sombra que
el tiempo proyecta,
convocado a morir en el papel.
siguiendo las notas de Jorge Riechmann a Furor y misterio, de René Char.