recién ganado el vértigo descalza la esperanza1
Material insuficiente, piquetas, hachas, y,
entre los más humildes,
cierta gravedad, como agua viva y necesaria
arena
escrita la historia,
sobre las puertas clausuradas
las cúpulas se desploman:
soñar espadas es tenaz pecado que la sangre
firma
en el desierto, un rubor
bate sus alas en la brisa, y
el ermitaño, al azar de unos pétalos abatidos,
disfrazados de muerte y dolor temprano,
deshace con su mano líquenes y otros verdes,
en que la palabra es vencida.
converge, entonces, hacia los ejes,
una piedra negra del rubor envenenada y fría
constitución
¿qué esperabas,
piedad de la página?
¿trinos del ciego?
¿mapa de la hermosura?
el plano del infierno se refleja en el estanque,
progresiva osamenta del poema,
y apreciamos su oleaje como única esperanza
siguiendo Obra poética I, de Aníbal Núñez.
1 de Tríptico de la infancia, de Aníbal Núñez.