no se trata aquí de empeñarse,
sino de levantar imagen.1
A las puertas del claustro
me descalzo
sobre una piedra de mil nombres y polvo,
y someto, ya dentro, a la palabra
las injurias del universo.
Su amplísimo volumen,
su cierto afecto,
el ritornelo de sus arcos y pilastras,
su eje abisal,
gastan las esquinas del poema
como dientes de un espejo ceremonial.
No se trata aquí de hablar de una vida,
ni del alcohol que murmura en su centro,
las canciones que rechinan las grietas
ni el rocío que supuran las flores,
se trata,
de la sombra misma, de la triste figura,
inhóspita a la naturaleza,
indiferente a mi mano y su función,
como un monolito ciego,
registro verbal de una mascarada,
serpiente de arena que escribe reptando:
no hay nadie tras el espejo.
1 de Acerca del Proyecto Hombre, de Leopoldo María Panero.