Los dioses se equivocan1.
Los amantes buscan la muerte
que parece decirles adiós:
en el ocaso de sus centros
la curva de acanto relaja
el despertar de otra vida, duerme;
la sangre cae al abismo del polvo.
Al acercarse la cópula
pongo el foco en mi negrura,
el ojo en la boca la huella
en la carne,
no para nutrirme
sí para suicidarme, bajo el hacha
de tu sexo.
Crece la hiedra en mi frente
imitando la savia, íntima unción,
como un naufragio en que
el hueso se quiebra en la costa.
Quizá porque esa luz no mate,
esta ebriedad sea dulce.
Los dioses
se equivocan
escogiendo los cantos reverberantes
ante el néctar de la extinción.
siguiendo Obra Poética I, de Aníbal Núñez.
1 del poema Anónima defensa de Narciso, del mismo autor.