a Leopoldo María Panero
La fiebre del pantano es la vida,
y espero encontrar tu coche en él, profundo
contigo en el maletero, verde y
tranquilo como un lagarto que
disfruta del sol interior,
burbujeando
helado en la belleza de la palabra.
La fiebre se ata a tu lengua
que a duras penas escribe en el lodo,
para perder en un último esguince
todo lo que hay que decir,
escribir como hablar,
bajo el agua,
contra la piedra y la sal
en un vano intento por ser, y escuchar
el postrer eco en tu cabeza,
entre tus manos, disipándose, azúcar
mirando el horizonte del capó del maletero
que cierra mal,
la única línea recta y blanca de una luz que,
como tú dijiste, no es nuestra,
y corta como el hielo y hiere
como la verdad,
esa línea de luz que ahora, llevo en la mano.