ante la escena del pozo de Lascaux
Vemos
un cuerpo abierto, y a su vapor le
decimos alma:
una frontera,
una perspectiva jadeante y dolorosa,
una certeza, no un error,
un espacio puro en que el ojo resbala,
la combustión del tiempo en
estampida de crones, pisoteando las tripas de la
existencia
La tierra devoraba al ser humano al final del día
bajo una luna que tiene cuernos de bisonte,
a veces.
Enigmáticas y remotas, incluso muertas,
las aves patrocinan la mirada,
bajo el gran ojo de la noche, indolente y blanco.
Más tarde,
oímos sollozar sola (…) a la triste Marcelle
en ese urinario de fortuna que le servía ahora
de prisión1.
Quizá sea inútil añadir
la loca fascinación
que el delirio, de eso que convenimos en llamar
vida, nos produce:
no hay filosofía superior que
aquel cuerpo abierto, y
su cálida ánima, aliento de dios, elevándose, y
siendo engullida por las aves sin querer, en pleno
vuelo de irracional vida.
1 de Historia del Ojo, de Georges Bataille.
crones: el cron es una unidad de tiempo, la más corta usada en geocronología para referirse a tiempo geológico. Está basado en inversiones del campo magnético terrestre significativas.