Consumado está
este juego
por el final comenzado
este juego de pisar la niebla
que moja los cuerpos como cadáveres océanos
quién sabe en el blanco sueño que no responde
si aquellas figuras borrosas
son niños o maniquíes desmembrados, o
dioses perdidos en un laberinto de nieve, o
quizá, árboles de los que cuelgan perros
sobre absolutamente nada
quién sabe si matar con la mano es, como
abrir los labios henchidos de lámpara trémula,
o si el amor, no es más que un espejo que
al atardecer, no es ya ni rojo ni luna.
Culpable es el hombre, de la utopía,
del inocente juego negro contra el cielo del
mediodía, oh Sol.
Sobre la
hierba dejo la espalda,
cuando la boca, tras el beso de buenas noches,
balbucea, desnuda.
Sí, la noche es hermosa1 ,
y escribo tu nombre en un ciego afán.
siguiendo Poesía Completa (1970-2000), de Leopoldo María Panero.
1 Sí, la noche es hermosa: frase a voleo de El placer, de Max Ophüls.