a Aníbal Núñez
Al abrir su libro
veo el poema
veo
la mano escribiéndolo y oigo
el rasgueo de una punta,
veo, luego,
su rastro, perdido en la página neutra,
como la isla de Pascua en el centro del océano,
o su ley,
veo
la escultura derrumbada sobre el papel,
la ruina que no pudo llegar a ser hombre
—ni falta que le hacía—
pues solo en el acabamiento fue, (del verbo Ser),
clarividencia,
la poesía ya estaba allí,
esperando.
escribí este poema, atrapado en la mirada de Aníbal Núñez en el retrato que le hizo su padre, José Núñez, y que aparece en la portada del primer tomo de su Poesía Completa.