the Horses' heads
Were toward Eternity1
De qué callada manera vienes a mí
—aunque pueda parecer lo contrario—
como el aire del ventilador a los tobillos
te siento en su urgencia, brisa
suave mano de una decisión
que no molesta más que
el hecho carnal de estar presente,
ausente de toda alegría y tristeza,
amable viento oscuro de la iluminación
enredado en las palabras
—si es que puedo atraparte,
si es que nombrar tu nombre y
su decepción,
no es ya en sí
una victoria en que besar el equilibrio.
1 del poema de Emily Dickinson, Because I could not stop for Death.