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Apocalipsis de un hombre en un bar



a Thomas Chatterton, poeta



Mi fama inventa caminos en una mentira,
y soy pez y agua que en el vaso agita
las manos, que aparenta ser una condena
que, en vano, reclama su orgullo
en insomnios y cantos que ordenen la ruina

en vano los papeles, dicen palabras furtivas en
susurros, como una limosna de amor,
un nombre con que huir del lugar,
del camino recto en que el ser se pierde
en hombres y mujeres
que escupen y mean a la sombra de las estatuas
finas perlas y falsas que ríen al poema

ay hermano,
cuando el cielo caiga a tierra,
la escritura apenas temblará en lo cierto, mas
yo perderé el árbol de mi lengua
como alcohol que cruza el umbral de mi aliento

de la noche en la ribera, la playa
permanecerá postrada bajo los meteoros,
sedienta del sudor de los cuerpos ausentes,
y en las últimas luces perderá así la memoria, y
todas aquellas voces que un día dejé en su arena,
de nuevo, no serán más que humo,
arroyo de trompetas y rosas
que mueren cegadas en la inmortal marea,
para no levantar ya más piedras ni oprobios
contra el designio del hijo putativo de dios y
su verbo

hermano,
antes que se ponga el sol de la copa en mi frente,
que el camino se deshaga en ciudad inmunda
o colegio,
escancia al joven Chatterton un vino plagiado
con alcoholes que no aparezcan en la Historia, ni
en los libros de texto.

siguiendo Vaso, de Leopoldo María Panero.