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Acéphale



y me mirabas desde abajo, sin verme,
como miraría la serpiente al pensamiento,
los brazos caídos como el hombre,
descolgando la boca
apenas un aliento que,
de ser visible, sería violeta, o negro

no conozco la cara de la sabiduría,
por eso tu mirada desde abajo,
desde tan abajo que
el infierno está en las alturas,
me recuerda la mía

sé que no sé,
que apenas he vivido,
que desconozco las fronteras
en que se pudren con placer los animales
cuando rompen los palenques de
la domesticación

sé que las piedras desencajadas de tu rostro
explican, mejor que dios,
el origen y el ocaso del mundo,
y que, de haber mares y ríos, como dicen,
serían de palabras expelidas desde el fuego

por eso leo
en tu cráneo erguido entre las piernas,
toda la vida que falta en la carne,
todo lo que apenas he vivido
y ahora se recrea en el verso, ilusión de
tierra devastada y fértil aliento

a partir del retrato de Leopoldo María Panero fotografiado por Thomas Canet.