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Imposible no venir

Del mismo modo que en la plaza circular,
rompo las olas continuas de lo que cayó primero.

Porque en la plaza aún soy un centro
y vivo la eterna fluctuación
de la que, hace tiempo, aquella primera caída parió
la brisa que entiendo ausente,
la brisa sin nombre que aprieta la cabeza,
los nudos de la madera
o el reflejo insomne de una piel contraída.

Medir esas olas con las yemas de los dedos,
romperlas, y al hacerlo, crear otras nuevas,
embestidas contra el lugar del placer,
el viaje postergado.

En el círculo está el juego y la fuente,
y está el cambio de la corriente:
¿porqué siempre hacer algo?,
¿porqué todo tan útil?

El placer de la máquina es frío,
consciente como la tarde que se acaba,
rápido como la sangre en la vena.

Ella es la dueña, lo demás es vida.
¡Qué exacta tu manufactura,
qué límpio tu corte,
...qué fiel tu aroma!

Bajo el bello círculo de metal y deseo y ciencia primera,
el agua se agita,
¿de quién es tu mano?