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el poeta es un mono con pistola

la locura es una pústula de ideas,
de imágenes
—cuando imagen significaba algo—
sin cuerpo, sin palabras,
la locura es semen retendum,
es veneno y es dios,
la locura es el ser nadando en su propia pus
como una sirena ciega

el mundo es una galería de espejos,
un abismo de vacío infinito,
aparentemente eso es,
todo está, nada existe, todo parece

el poeta es un mono con pistola
ganada en la rifa de la vida
—prefirió la pistola al algodón de azúcar
cuando derribó al rey de un pelotazo—

el poema es el tiempo detenido
en que el cristal estalla en las palabras,
reflejando al mono y al mundo
en un puzzle sin pasado ni futuro
que duele encajar

—como la polvera rota de la mujer
que orinaba en un lavabo de carretera,
y que al pintarse los labios
pintó el espejo fracturado de su rostro,
y cuando el lápiz de labios besó el suelo,
sucio de orines y pasos,
el susto la turbó—

el mono dispara y dispara,
sin saber qué hace, ni las consecuencias,
el mono es dios envenenado de celo,
y los casquillos besan el suelo
sucio de palabras y razonamientos,
por eso el mono no enloquece
aparentemente
así es