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La llama que ríe

yo sé que el fuego no es tu espíritu
pero enciendo la vela,
la vela sobre tu foto, sobre tu cabeza,
y la llama se adapta a la corriente
como un día hiciste tú,
sin oponer resistencia,
voz, mano o gesto indiferente
ante la vida

como si lo supieras todo
—o nada, es lo mismo—,
como si el fuego existiera
antes de ser prendido
arrojado al mundo, parido
y mis dedos alejándose
no fueran más que animales cobardes

no estás por tanto,
en la llama amarilla y débil
ni en la cera opaca y fundida,
no estás en la foto que te olvida
ni siquiera estás en mi pensamiento,
porque tu verbo es ser
y ser no tiene forma ni la espera,
es vida líquida o agua evaporada,
contenida, derramada
en un círculo sin porqué
ante el que mi consciencia es ciega

siente el reposo del vacío,
la larga cabellera blanca de la noche
ondulándose bajo el caballo negro,
como la llama sobre la imagen
donde la memoria se pierde,
y ríe,
ríe ante el espectáculo idiota,
dios y el diablo cara a cara en un cubo
riéndose del gólgota y del primer pecado
1

ríe,
c'est dadá qui commence a vous parler2

1 del poema Requiem, de Gottfried Benn.
2 del manifiesto Dadá soulève tout, de Tristan Tzara, 1921