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La literatura del mal

   llevarme suele mi deseo intenso
   
(…) a las rosas rojas de la nieve
        Petrarca, Cancionero


se revuelca por el suelo como un perro rabioso
pero nadie pronuncia su nombre en el estrado
ni en el colegio, ni en el asilo de ancianos,
esos entreactos de la vida que llamáis vida
de la historia sin pasión, de eso que no moja,
siempre venerada bondad burguesa

acabo de quedarme dormido sobre la mesa
con la vida de Petrarca en la mano,
perdido en la demencia literaria de una boca
en esta apología de la subjetividad
con la cabeza separada del cuerpo por la hoja

el poema es la cantárida que eleva mi voluntad
y yo me arrodillo a sus pies, arrebatado,
en este cuarto cerrado de dos por dos
que huele a cuerpo de guardia y a la tinta seca
de la lettre de cachet tatuada en mi frente

incito, proyecto mi voz por la ventana
con el tubo de las heces de boca de mi mente
aullando a la liberación de la luna,
de las conciencias pusilánimes y presas
bautizo con fuego a los niños y a los viejos dementes

Coulmier, por favor, el teatro,
prohibo que mi cuerpo sea abierto en el acto, y quiero
mi nombre borrado de esta memoria colectiva que apesta,
de esta moral financiera de cálculo egoista,
bajo esta tierra indiferente y eterna
que estercolan con bellotas los reyes y los cerdos

en la torre desde la que dono mis excrementos
cada mañana, puntualmente,
en el marfil de este camafeo cuya cara me ha olvidado,
en el cristal de esta copa rota que ahora es mi sangre
la imaginación es libre,
el hombre
no

poema compuesto con extractos de la entrada Marqués de Sade de la Wikipedia.