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Evocación

—siguiendo a Felicidad Blanc—

apenas me doy cuenta de nada,
apenas soy nada,
me escondo en héroes que tampoco lo son
enterrados en la arena, como yo
su palabra, su nombre, su figura;
son horas brillantes
en que todo parece posible de alcanzar,
y consumo la sal de sus palabras
frente a una iglesia derruida

me miro en sus miradas
y en las sombras que huyen de los espejos
gritando, diciendo, callando
los nombres de la poesía,
todos esos pájaros nocturnos
que en desorden me sobrevuelan
y levantan con su vuelo
polvo, azufre y miel

la casa está vacía
cuando aparece la noche,
abierta en mi cuerpo la larga noche,
es el poema de una evocación
en que se funden luna e incienso
y el sudor que derrama mi ser
en la oscuridad de mi habitación
de mi boca
escapa un vaho salado,
inútil, hermoso,
me siento de pronto sumergido

tengo los pétalos cerrados
los ojos vacíos, y en su cuenca un eco,
algo ardió bajo el iris negro,
el alcohol de la vida lo enciende
en mis pies y tropiezo,
constantemente tropiezo
en mi propio ser humano,
en las cenizas de la memoria,
en las palabras de los extraños

el libro se ha abierto,
he separado las hojas pegadas
sin romperlas,
pero la herida permanece ahí,
no se lo digo a nadie
pero la mitad son tus palabras
cogidas de tu boca seca y
desencantada,
frágil como tu pelo blanco