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escucho la respiración

escucho la respiración
apenas tocar mis labios,
arrasada por el viento, sin eco,
nada más nombrarme
en un adiós que no acaba

soy un mono erguido en la rama
y cabeceo como un cardo sin bulbo
seco y exhausto, en silencio,
como si no existiera más que cualquier piedra,
similar derecho,
construido sin querer
soy
la voluntad que no existe
el deseo de no ser,
la esperanza de un escarabajo en la boca del río

ya no hay tiempo, excusa o frío,
ni objeto en la mirada
salvo la caída horizontal, plena,
y el grito del águila
         contra la piedra,
como un cuerno sin cabeza

vacía de todo lo que aprendí,
solo queda sequedad y espacio vano,
viento magreando mi carne
y sol secando la gris herida,
sin voluntad ni provecho