ORIGEN
En la claridad de la tarde, después de la lluvia,
como un perro consciente, sin collar y caído,
la loca soledad de la expresión me acuesta
en la verde humedad de una ilegible vida.
La libertad, vislumbrada más que sentida,
de quien teme tanto o más que ama,
se me escapa como la luz entre los dedos
y solo soy una hoja más, un haz de sangre.
Libre de las miradas, sin tensión apenas,
enfrento el cielo y su ojo blanco
sin mediador ni cortinas,
expuesto como la muerte en el fusilado.
Mi cuerpo no es suficiente para el ojo del cielo
y me siento traspasado, indiferente;
no estoy sobre la naturaleza sino en ella,
recogido como el agua de la lluvia.
Entonces, cierro los ojos.