a Nines, turris eburnea, que colma
el gran hueco de mi existir,
se lo ofrezco indignamente1.
Rubíes eternamente febriles
habitan tu frente, marfil de aire,
aromas de penumbra y pólvora devuelven
horas de abrigado amor.
Culebrinas2 de tus sienes,
ocres vorágines de espuma
brillante curso en jardín mental.
Rescoldo
eternamente joven, en un cuerpo que gira, de niña
vendaval:
como arpas tus dedos acarician mis ojos.
Este salón jamás albergó
máscaras reales o pálidos rosos3
como el fuego expuesto en tu carne orfebre
altísima, contenida nieve, de primer día que,
cálidamente, las horas vive,
tú, gama4,
yo, ariete5.
1 turris eburnea (…) se lo ofrezco indignamente: lat. torre de marfil. De la dedicatoria de Filippo d’Arborio a Giuliana Hermil, del libro de aquél La fiamma, en la película El inocente, de Luchino Visconti.
2 culebrina: meteoro eléctrico y luminoso con apariencia de línea ondulada.
3 rosos: poét. rojos.
4 gama: hembra del gamo (cervus dama).
5 ariete: del lat. aries, -etis, carnero, cabra. Máquina militar en forma de viga, reforzada en su extremo por un bronce en forma de cabeza de carnero, para batir puertas o murallas.