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La transparencia del ojo

LA TRANSPARENCIA DEL OJO

El Ojo mira a través de todo, adimensional como el pensamiento.
Ella, que está aparentemente en el otro lado, también mira.
La ventana connota esa reciprocidad, esa transparencia, esa lucidez.
También su inevitabilidad.

Literalmente, Ella está en un lado, en una cara de la hoja de la realidad.
Al otro lado del mundo, de su mundo.
El Ojo está en la otra cara, contraria y lejana, en un universo paralelo al de ella.

¿Soy yo, o somos tres?
¿Es la mirada que me devolvía el cristal de la puerta cuando, a su través, la miraba?
Quizá sea un fundido encadenado a un primer plano de su ojo, como en el cine mudo,
un fundido tan lento que apenas puedo intuir su principio y su final.

La ventana está detrás de ella, en el falso espacio de la fotografía que la contiene,
y en las fibras manchadas con tinta de un papel.

Sin embargo, en la transparencia, en el trasluz, todo se funde y habla.

Ella también tiene ojo y con él quizá ve el Ojo mirándola, como en un espejo.
Su boca también mira el Ojo y sus dientes son blancos.
La edad de oro1.

Ese cruce es un eco de algo primordial,
algo único y plano que, con el tiempo, ha ido disgregándose en piezas.
Porque en un principio, Todo era Uno.
No existía la extrañeza ni el Deseo.
Uno estaba completo.
El ojo no era necesario.

Esta transparencia es una paráfrasis de aquel tiempo.
Insuficiente, pues muestra ya las piezas que después existirían.
Es solo en su planitud que es verdadero.
Es solo en su transparencia que el Ojo y Ella se encuentran.
Es solo en esta imagen que el pensamiento se para y condensa.

Técnicamente, en un fragmento de hoja de periódico encuentro una mujer que mira y justo en su reverso, un primer plano de un ojo. Recorto este fragmento y lo positivo como si fuera un negativo fotográfico, por transparencia, ampliándolo.
1 Ahora, al escribir esto, veo en la cara de Ella reflejada la de Lya Lys, la protagonista de La Edad de Oro, de Luis Buñuel, en la escena de váter. Esta película es la historia de un hombre y una mujer que no pueden encontrarse, entre otras cosas.