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La niña Greta a la mesa

LA NIÑA GRETA A LA MESA

El plato esta vacío, la cuchara dispuesta.
Medio desnuda, Greta, una pionera, se apoya en la mesa puesta con las dos manos.

Piensa en acercar su monte de Venus al mueble hasta rozar el borde de la vajilla: la perpendicularidad del encuentro la estremece.

Piensa en voltear el plato y ajustar el borde lentamente a su vulva, sincronizarlos.

Piensa en girarlo sobre su eje, lentamente, y humedecerlo como si fuera el pegamento de un sobre con la lengua.

Luego, una vez mojado el contorno entero del plato y dejado en la mesa de nuevo, ajustar el dorso de la cabeza de la cuchara al marco de su orificio, aprovechando el aumento de tamaño y la separación de sus labios.

Piensa en la convexidad del metal frío resbalando en la mucosa hasta ajustarse a la abertura.

Piensa que, si gira la cuchara en su horizontalidad, podría sujetar el mango entre las nalgas y liberar sus manos; sentarse a la mesa y sentir la presión del útil que unifica sus agujeros en el fondo del valle de Venus.

Piensa en jugar a mantenerlo en ese horizonte.



Abre los ojos. La mesa puesta, el plato vacío y la cuchara a la espera. Una turbiedad vaporosa recorre el continente. Moléculas de olor y líquido grávido. Los ojos no entienden cuando miran hacia afuera.

La imagen surge de una fotografía de Greta Garbo de la película Ninotchka.