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La habitación verde

LA HABITACION VERDE

Hay una habitación, un lugar mío, donde todo crece y todo muere. Los días pasan.

El inconsciente, los recuerdos, los símbolos, las palabras giran dentro de esa habitación como pulpa de fruta.

Ella tiene dos caras: una decidida y con ánimo, segura; y otra triste, depresiva. No sé si la mezcla de ambas resulta en alguien equilibrado, pero, en cualquier caso, sí en alguien que hace preguntas, que se cuestiona.

Hay una enorme tirantez en su peinado, una rigidez arquitectónica, un modelo social, una esclavitud que une ambas caras.

El botón de su cuello, igualmente tenso, coincide con su lado triste, y el aire se desliza por su noble cuello hacia su pecho en su otra mitad.

Veo en su mirada la dignidad insurrecta que habita bajo la tierra: no puedo apartar la mirada de este espejo.

El anillo de soltería, circular como sus ojos, está barrado1, es decir, dividido, como la cara de ella, y en el pecho flota una cruz, una necesidad de abstracción, de símbolo, una referencia a lo elevado en un mundo tan rastrero.

Yo sé que todo son estructuras relacionadas. Que en esta habitación vivo yo y juego; que en sus grandes ojos sin fondo está mi vida y en su brillo este momento.

1 sujeto barrado: dado que el sujeto es esencialmente un ser hablante, siempre estará dividido, escindido. Por eso, en 1957, Lacan va a tachar la letra S –de sujeto– para producir el famoso símbolo del “sujeto barrado”, indicando que el sujeto está esencialmente dividido. Ver sujeto en Psiconotas.

El título es el de la película de Françcois Truffaut. A él me llevó la dominante de color del dibujo. ¿La construcción de algo físico y sagrado como monumento a la pérdida? No puedo recordar el origen del rostro.