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Doble obturador

DOBLE OBTURADOR1

En una cámara fotográfica ese mecanismo permite el paso de la luz durante un tiempo exacto de captura –de esa luz–. Sin obturador no habría imagen fotográfica porque, o bien no entraría luz al estar cerrado continuamente, o bien se sobrexpondría –quemaría– la imagen hasta el blanco –o el negro negativo– al estar abierto continuamente. Obturar sería destapar y tapar una abertura en el tiempo, y obturador sería el cuerpo que destapa y tapa esa abertura en ese tiempo. El obturador, ese cuerpo extraño, hace esa función en el momento elegido y con la duración elegida, en principio. El obturador permite el acceso a una realidad seleccionada que nos rodea; nos sincroniza con ella. Una realidad detenida pero que, en cualquier caso, dura un tiempo.


Un mismo concepto significa, por tanto, ideas complementarias y antagónicas: el obturador abre y cierra (mete y saca) para capturar la luz que en los cuerpos rebota y llamamos imagen. El obturador tapa para que no entre luz y abre para que sí entre luz y ¿no salga oscuridad? –¿puede, si no se tapa, salir la oscuridad e inundar la luz?–. Lo capturado2 aquí, también, es el propio obturador: capturado por la abertura al taponarla y capturado –sorprendido– en su función –soy el obturador y sirvo para esto. Lo describo–.


Fuera (?!), inalcanzable, la visión, subjetividad pura, deseo, se mueve en su reino de oscuridad, de informidad, de irrepresentabilidad. No puede ser capturada por el obturador mecánico pues la luz no la compone ni la refleja. Y expuesta a ella se diluye, se pierde.


Recreándome en la imagen original –una fotografía de Helmut Newton–, obturada por una cámara, un movimiento mental, adimensional me trae las prolongaciones, permutaciones o combinaciones aplicables a esa imagen bidimensional. Ese movimiento es la obturación de mi cabeza, esa visión, las sombras en las paredes de mi caverna craneal de esa imagen exterior. Literalmente, la luz de aquella imagen, ya obturada por la cámara, entra por mis ojos3 y vuelve a ser obturada –re-expuesta, seleccionada– según me dicta el deseo. Por eso, en principio, elijo, pero no tanto, el deseo dispara en ráfaga y captura momentos imposibles más allá de mi voluntad. El obturador del deseo deja pasar –filtra, quizá– la luz que le interesa, la luz que le quema y enerva4, la luz que, imposibilitada de atrapar ese deseo, intenta al menos capturar su fantasma –iluminarlo en la oscuridad–, hacerlo visible.


Luego, el trabajo, poner las manos sobre el dibujo, lleva al resto. Solo hay que decidir cuando parar, cuando y cuanto obturar la divagación: el obturador, dispositivo de control de paso de luz, incitará la obturación de las aberturas en un juego de espejos o desplazamientos. El obturador cerrará el paso de la luz en los orificios -es la llave de la puerta de la realidad-, y abrirá la puerta del sueño a una oscuridad donde todo es posible e inexplicable, en la cercanía del orgasmo.


La imagen mental, ese movimiento, se anima en la imagen física y el tiempo aparece. Un tiempo congelado, superpuesto o en abanico5, una suma de posibilidades. En la realidad cotidiana, el obturador de los ojos está abierto, sin introducir. Solo en los momentos de vahído o fuga de la sensatez, el obturador, mi deseo, se introduce en el orificio del tiempo y de la mirada, deteniendo la cordura legal del día en una imagen, o varias si entra, sale y entra. Una imagen que nunca sería visible sin obturar.


El resultado del obturador de mi cabeza es la imagen final, expandida por esta doble obturación: la imagen/base elegida luego alterada por la percepción individual. ¡Hágase la oscuridad!

1 La obturación es una función, un movimiento que cierra o tapa una abertura o conducto introduciendo o aplicando un cuerpo.
2 Capturar: apresar o hacer prisionero a alguien, especialmente a un delincuente. Aprehender, apoderarse de alguien o algo. Captar o reflejar un aspecto de la realidad en una obra o soporte. Inform. Tomar datos. _DRAE.
3 Un ojo es un auto-obturador, como la boca, la nariz y los esfínteres, mecanismos que no necesitan un cuerpo ajeno para abrirse y cerrarse.
4 Debilitar, quitar las fueras. Debilitar la fuerza de las razones o argumentos. Poner nervioso. _DRAE
5 Un abanico se despliega en capas superpuestas, como las ondas en el agua del objeto caído.